Las primarias del Partido Nuevo Progresista en 1980

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

El Partido Nuevo Progresista en Vega Baja solamente ha ganado en tres ocasiones desde la primera vez que compareció a elecciones en 1968. En 1976, perdiendo la candidatura a alcalde y ganando la Asamblea Municipal y en 2004 y 2008 ganando ambas ramas municipales. Rafael Cano, como aspirante en 1968 derrotó a Obdulio Meléndez Mena y luego Luis Meléndez Cano, venció a todos los candidatos penepeístas frente a él. Marcelino Barreto Rosa en 1972, Edwin Martínez Rolón en 1976 y 1980, Pedro (Pellín) De Leon Bello en 1984, Audelí Rivera Quiñones en 1988, Elsie Valdés en 1992, otro candidato que corrió sin su nombre en la papeleta y a Edgar Santana en 2000. De 1941 a 2005 Vega Baja contó con alcaldes y asambleas municipales populares a excepción del poder dividido en 1976 cuando el alcalde era popular y la asamblea municipal penepeísta.

Como Comisionado Electoral en 1980, me correspondió trabajar la primaria para la candidatura a alcalde que se celebró antes de las elecciones de noviembre. Habían tres precandidatos a alcalde y un cisma grande entre los penepeístas vegabajeños. El Presidente del Comité Local era Obdulio («Yuyito») Meléndez Mena y aduciendo que pagaba la mensualidad, retuvo como su comité de campaña el segundo piso de la Calle Betances, donde antes se ubicaba el Tribunal de Vega Baja y el cual hasta esa fecha eran las oficinas locales. Como no le agradaba mi nombramiento pues para que el Comité Central me hubiera nombrado tuvo que desplazar al Comisionado Electoral que lo apoyaba, no me permitió que yo organizara desde allí las actividades previas a las primarias y se apropió de las listas electorales y el Comité Local. Por esa razón, constituí por varios meses el Comité Municipal en un cuarto que tenía disponible en el local de mi oficina. Desde allí me comunicaba con la Oficina Central del Partido y recibía a los emisarios y funcionarios del partido.

Tuve varios encuentros con Obdulio Meléndez Mena pues el alegaba que yo no tenía la experiencia, pero yo sabía que era porque al recibir el nombramiento, decidí no apoyar a ninguno de los precandidatos que iban a presentarse en las primarias. Y para un político que aspira a dirigir un pueblo por segunda vez sin haberlo logrado en la primera, era vital tener el control de los objetos y los sujetos. Mi comunicación mayor era con el candidato Edwin Martínez, quien finalmente salió favorecido y fue el candidato a alcalde en 1980.

Traté de mantener la ecuanimidad y neutralidad, que no era fácil con el bombardeo constante de quienes me veían como una obstrucción a sus planes de trabajo, aunque en realidad cuando me tocó trabajar para el partido, escogí la fidelidad a la institución. De hecho, voté la papeleta en blanco y así lo expresé en el colegio electoral que me tocó votar. Con el paso de los años, Obdulio se fue y regresó al Partido Nuevo Progresista y nos encontramos y saludamos cordialmente.

Recuerdo que en 1968 había muchas intrigas y acciones entre los miembros del Partido. Existía intimidación verbal, muchos ataques anónimos y hasta violaciones a dos jóvenes hijas de líderes se produjeron como producto de esas pasiones. Había una lucha muda entre las facciones de los «dueños» del partido, o sea los que tenían capacidad económica y los demás como empleados privados, comerciantes y empleados públicos. En 1972 Marcelino Barreto fue un candidato de consenso por sus amplias relaciones con todos.

Con el paso de los años y la pérdida de esperanza para ganar se fue diluyendo ese interés pendenciero hasta que estas primarias de 2020 hay dos candidatos cuya propaganda ha sido discreta y sin pugnas públicas conocidas. Hace varios años no pertenezco al Partido Nuevo Progresista ni a ningún otro partido ni movimiento.

Miro los ejercicios electorales en que participo como elector como una verdadera liberación de mi derecho a escoger por quienes me parece que pueden hacer cambios verdaderos como incumbentes o un buen trabajo como fiscalizadores. Mi meta política como ciudadano es que Vega Baja y Puerto Rico puedan contar con los mejores funcionarios de todos los partidos políticos posibles, para que se de un resultado ecléctico e inclusivo.

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